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Stalker, de Tarkovski: el miedo y los deseos.

He de reconocer que, aún siendo muy aficionado al cine, no había podido ver nada de Andrei Tarkovski hasta hace poco. Ha sido gracias a una colección sobre grandes directores de el diario El País, en la que incluían Sacrificio, y desde entonces he visto más películas y está pasando a ser uno de mis directores favoritos. Ya sabía de él hacía tiempo. Cuando Esteven Sodenbergh filmó Solaris, en Días de Cine no pudieron resistir la comparación con la película del director ruso. Evidentemente, concluían que la versión de Tarkovski estaba muy por encima de la de Sodenbergh. Ahora que he visto ambas, opino igual. Y es que el cine de Tarkovski, como el de Igmar Bergman, nace de la necesidad de contar historias desde lo más profundo del ser humano. Pero Tarkovski se diferencia de Bergman en que es mucho más metafísico, escarba más bajo la piel para dar una visión de lo particular a lo universal. Algo que hoy en día se da poco. De hecho, la eliminación de la asignatura de filosofía de los institutos es un signo de ello, a la vez que la mayoría de las formas de arte que nos llegan son superficiales, más preocupados en las formas que en los contenidos. Aunque eso en sí no es algo malo, debería haber más pie en televisiones y otros medios para un arte más profundo.

Hasta ahora solo he visto tres películas de Andrei Tarkovski: Sacrificio (de 1985), Solaris (1972) y Stalker (1979). Las tres están construidas teniendo en común dos pilares: el miedo a lo desconocido y los deseos ocultos. Pero es Stalker la que habla más directamente de estos dos sentimientos, viéndose reflejados en las otras dos películas, aunque con bastante importancia en sus argumentos.

Antes de entrar de lleno avisar de dos cosas. Primero, el cine de Tarkovski suele ser enigmático y algo hermético en su sentido, de manera que no son películas fáciles y pueden ofrecer distintas interpretaciones, además de muchos conceptos en cada una de ellas. En segundo lugar os prevengo sobre lo que voy a decir, puesto que revelaré partes importantes de la película y puedo estropear el argumento y su final. Aunque me voy a contener mucho, contando solo lo imprescindible, lo que me apena un tanto, ya que pienso que es una película para comentar en cada secuencia. Así que, ya que contaré menos de lo que me gustaría, si alguien la ha visto que me deje sus impresiones y abrimos un pequeño debate.

Comienza Stalker en un mundo húmedo y sucio, entre paredes de hormigón, en blanco y negro con matices sepia, donde no sabremos los nombres de los personajes, tan solo los conoceremos como el Stalker, el Profesor y el Escritor, dando a entender que no hay necesidad de saber más sobre ellos, dando así pie a lo eigmático en cada personaje y sus intenciones verdaderas – decir que la fotografía y escenografía, ésta última del propio Tarkovski, son de lo mejor de su obra y que sin duda ha influenciado a buena parte del cine del David Lynch de Eraserhead y muchos ilustradores y diseñadores. El Stalker, una especie de guía en La Zona, conducirá al Profesor y al Escritor hasta La Zona, donde hace tiempo cayó una especie de meteorito. Desde entonces ocurren cosas extrañas y hay una habitación de la que dicen que concede deseos. Sin embargo, mucha gente que se ha adentrado en La Zona ha desaparecido, y, por tanto, el gobierno la mantiene fuertemente vigilada. Deben sortear al ejército y una vez conseguido montan en una vagoneta y avanzan hacia la zona en un travelling largo y significativo, en el que la música comienza de forma natural usando el ruido sobre los raíles y se va “industrializando” poco a poco, y al llegar a la zona, rodeada de bosques, el film pasa del blanco y negro al color. El mundo real es gris y parece una prisión, pero el mundo donde los deseos se pueden convertir en realidad es en color, aunque no colorido, y el espacio es abierto. Tienen que avanzar lanzando jirones de tela atados a tuercas, porque, según el Stalker, allí la realidad cambia a cada momento creando trampas. Pero durante el recorrido todo parece de lo más normal, a excepción de los vehículos militares destruidos y que no hay habitantes. Cuando están delante de la casa el Stalker quiere dar un gran rodeo para entrar por otro lado, a lo que el Escritor se niega y camina en línea recta, ignorando los avisos de peligro del Stalker. Pero cuando se encuentra a solo unos pasos se detiene, se levanta un fuerte viento repentinamente y el Escritor, atemorizado, decide regresar, pero no queda claro que los demás hayan sentido el viento. He aquí que comienza para los dos visitantes el miedo a lo desconocido, a lo inexplicable.

A partir de ahí las relaciones entre los tres toman otro cariz. Permanecen juntos, pero con diferencias notables y poco a poco vamos conociendo más sobre ellos. Lo inexplicable aparece en varias ocasiones durante su progreso hacia la habitación, con imágenes y secuencias realmente dignas de ver, resultando la relación más tensa entre los personajes en un túnel donde el Stalker asegura que es la trampa más peligrosa, pero que en ningún momento se ve nada extraño, excepto sus propios miedos. Cuando por fin están ante la habitación ocurre algo que no es de esperar. El Escritor no es capaz de entrar a formular su deseo, duda porque de repente siente miedo, el Profesor quiere volar con explosivos la habitación y el Stalker no puede formular un deseo, porque vive de llevar gente hasta allí y quiere seguir así. La discusión entre los tres no tiene desperdicio, concluyendo que muchas veces no somos conscientes de nuestros verdaderos deseos, aquellos más profundos e íntimos, los que guían nuestras vidas sin que muchas veces lo sepamos. Entonces, ¿cómo entrar? ¿Y si ese deseo solo anhela la destrucción y el sometimiento de la humanidad a los propios caprichos? El Profesor quería destruir la habitación por eso mismo, pero al estar allí delante, al confesar el Stalker que todo el mundo siente miedo y termina por no entrar, decide que no vale la pena colocar los explosivos.

Pero entre todo esto hay muchos matices, muchas ideas y conclusiones apareciendo y desapareciendo en una película que tiene algo de hipnótico por su ritmo y sus largas secuencias. Ideas como la necesidad del misterio, el respeto que nos infunde lo desconocido, lo que no podemos explicar, y nuestros comportamientos ante ellos. La Zona parece un lugar de lo más normal, pero ellos actúan como si no lo fuera. Tan solo en algunas ocasiones presentimos, e incluso vemos, algo excepcional. Y lo más importante, el miedo muchas veces ante el propio deseo, el principal, el que nos mueve. ¿Quién no ha deseado alguna vez la muerte de alguien? ¿Quién no es lo suficientemente egoísta para someter a muchos a nuestros deseos? ¿Qué es lo que realmente nos mueve? ¿Es siempre algo bueno o no? ¿Nos damos miedo a veces?

En la última escena de la película, la hija del Stalker tiene el poder de la telequinesia y mueve unos vasos con su mirada, pero este misterio se acaba fundiendo con los de la realidad, con los movimientos de los vasos al pasar un tren, como al principio del film. Como durante toda la película.

Bueno, no quiero ponerme más pesado todavía, pero repaso mentalmente la película y ¡se me han quedado tantas cosas detrás! Pocas veces unas películas dan para tanto, pero lo peor es que poca gente se interesa por ellas. Aunque en Solaris alguien decía algo más o menos así: el que es feliz no necesita respuestas, tan solo quiere seguir siendo feliz. Nadie quiere “calentarse” la cabeza con éstas cosas, pero alguna veces es necesario y es bueno que existan Tarkovskis o Bergmans para formular preguntas e indagar en las cosas de la vida, con explicación o no. No siempre se es feliz, el por qué de la vida es un misterio y necesitamos comprender.

  1. Marcos
    04/11/2008 a las 13:41 | #1

    Creo que la zona es como Solaris, no tiene explicación, pero esta ausencia de explicación es lo que te obliga a tomar partido: por lo trascendente o por lo inmanente, por la religión y el arte o por la ciencia. Lo que excede a la comprensión humana es como un test de Roscharch del sentido de la humanidad que rige la vida de cada cual.

    He visto en la web una interpretación de Solaris curiosa, donde se cruza el concepto de aura de Benjamin con la idea tan cristiana de la resurreción. La dirección es esta por si a alguien le interesa:
    http://www.elestadodelarte.com/solaris_el_dios.htm

  2. 04/11/2008 a las 15:18 | #2

    Gracias por añadir tu punto de vista, Marcos. Desde luego éstas son películas que permiten múltiples lecturas, ya que nos sitúan en los límites de nuestros conocimientos y nos obligan a tomar partido de la misma manera que tú has explicado sobre la falta de respuestas. Interesante la idea que se formula en el link que facilitas. De todas formas, pienso que podemos extraer una conclusión que funcione como columna vertebral de lo que hemos visto en el film, pero atrás quedan muchos conceptos e ideas que van jalonando, poco a poco, el recorrido hasta la idea final. Un saludo.

  3. 07/07/2009 a las 17:30 | #3

    Lo primero, agradecerte tus palabras sobre Tarkovski. Es un grandísimo hombre (y además director de cine), y no al contrario. Coincido en el hermetismo, no es cine para todos, e incluso personalmente me molesta que cualquiera sea capaz de ver una película de Tarkovski. Debe, por conservar su hermetismo, estar reservado a unos pocos. Quizá se te haya pasado por alto, en tu análisis, las dimensiones teológicas de la estética tarkovskiana. Por si no los hecho ya, te recomiendo la lectura de sus libros, imprescindibles para el acercamiento a su obra.

    Saludos

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