Periodismo basura
Vemos como un hecho que el periodismo actual va perdiendo los valores de información-objetividad por los de información-opinión y casi nos da igual, pero esta mutación comporta más conflictos que beneficios a una sociedad sobreinformada. Un periodismo propenso a la opinión conlleva, invariablemente, a una alineación con unas ideas y al público a una identificación por el medio en el que mejor se apoyen sus ideales, perdiéndose en el camino una verdad de múltiples factores e interpretaciones y, por tanto, difícil de comprender. Es lo que tiene la estresante sociedad actual. A falta de tiempo para tantas cosas, consumimos productos rápidos y fáciles de usar, incluido el periodismo. Esto lleva, además, a que se creen, generalmente, dos grandes grupos de opinión casi irreconciliables y que los partidarios de un lado se identifiquen rápidamente con las expresiones vertidas por los “suyos”, aunque no sean lógicas, y acaben adoptándolas como opiniones ya formadas. Yo conozco a gente así (aunque yo mismo habré pecado de lo mismo muchas veces, imagino).
En el nuevo estallido del conflicto palestino-israelí se puede comprobar fácilmente lo que digo. No hay más que comparar la siguiente noticia de La Sexta (http://es.youtube.com/watch?v=fh3XcwBxJ0s) con este artículo de opinión que leí en el ABC (http://www.abc.es:80/20081229/opinion-tercera/derecho-israel-20081229.html). En principio, enfrento a una noticia con una opinión, por lo que no sería comparable. Sin embargo, sí que lo es y apoya más a mi demostración. El reportaje de La Sexta está cargado de adjetivos y en todo momento se nos aparecen como víctimas los “inocentes” palestinos y como “terroristas” a los israelíes (se pregunta quién es más terrorista a partir del segundo 45). Además, la indignación de la presentadora es más que notable. Por el otro lado, en la opinión del ABC se hace una defensa de la acción de Israel. Repito, es una opinión, pero nos da informaciones que no hemos visto siquiera de pasada en la noticia de La Sexta. También la postura está muy clara, acusa a un bando de “SS islamistas” y trata de víctimas al otro: “Israel no puede vivir con gran parte de su población enterrada en refugios día sí, día también, porque Hamás o Ahmadineyad quiera”. La línea que debería separar los conceptos (opinión e información) casi no la encontramos, distinguible sólo por el formato y no por el contenido.
Podría proponer ejemplos más equilibrados, pues el que he puesto es de unos muy progresistas y de otros muy conservadores, y hacer comparaciones más equitativas (noticia frente a noticia), pero creo que es algo que cualquiera puede comprobar en cualquier momento comparando el mismo hecho visto por Antena 3 con el de Telecinco o leyendo El País y El Mundo, o los medios contrarios que nos parezcan, porque a estas alturas la mayoría sabemos qué partido toman (el efecto que decía al principio de alineación del medio e identificación del público).
En vez de dar más ejemplos, quiero expresar mi preocupación sobre el daño que hace este tipo de periodismo que cada día gana más terreno. He trabajado para medios de comunicación pequeños, afines a políticas locales y nunca he estado en grandes conflictos. Pero el funcionamiento del periodismo local al mundial es más una diferencia de escala que de esencia. Lo primero que hay que hacer notar es que el que informa manipula (con mejor o peor intención), es decir, si el gobierno tiene que dar los pésimos datos económicos actuales les quitará hierro de una forma u otra, con más descaro o menos, pero siempre intentarán dejar claro que no lo están haciendo mal y buscarán argumentos para confirmarlo. Los medios afines recalcarán lo bueno y, en los casos más radicales, “olvidarán” algunos datos perjudiciales. Por el contrario, la oposición aprovechará los datos para dejar claro que el partido gobernante sí está gestionando la crisis pésimamente mal y se preocuparán por recordarnos lo bien que lo harían ellos. Los medios amigos también les echarán una mano. Estos son hechos que podemos ver a diario, solo hay que abstraerse de los datos económicos y observar lo que comunican y el cómo. O ver el conflicto anteriormente mencionado, el palestino-israelí. Una guerra tiene un apartado estratégico que es el informativo, que será utilizado ya sea para confundir a la opinión internacional o para enervar los ánimos patrióticos de los ciudadanos. Así que siempre habrá un avispado palestino, con relación directa con Hamás, por ejemplo, que no dude en llevar a un niño en sus brazos estirados asegurándose que las cámaras presentes captan el momento que más tarde será difundido por todo el mundo (http://www.rtve.es/mediateca/fotos/index.shtml). Las imágenes de niños y civiles muertos o heridos cumplen la doble función de indignar al enemigo ante el mundo y de propagar el odio entre los conciudadanos. Algo ante lo que los medios contrarios se apresurarán a combatir informativamente recordando lo que ellos sufren para justificarse ante todos y para infundir el ánimo guerrero en su país (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/01/04/internacional/1231067494.html). Quiero decir con todo esto que si el informador ya tiene planteadas unas formas de manipulación y el medio que difundirá la información lo plantea a gusto de su partidismo, nos llegan noticias interesadas y con afán manipulador, que como decía antes, dejan fuera recursos como contrastar la información (ante un hecho concreto ofrecer también la versión contraria) y nos ofrecen una verdad parcial. Para ir deshilando el ovillo, tiene uno mismo que contrastar leyendo diversos medios. Si no, la gente se creará la opinión de que los palestinos están indefensos y que sus cohetes apenas hacen daño y los abusos israelíes son intolerables, o al contrario, que los palestinos y musulmanes son unos terroristas y se lo merecen e Israel ejerce su derecho. Sin embargo, el conflicto ofrece también gran número de sutilidades y puntos de vista. Es un hecho complicado y con una larga historia detrás. No existe una verdad que lo explique todo, no es una guerra en una sola dirección, las razones son muchas y las tienen tanto unos como otros. El elegir comprender puede resultar más confuso a primera vista, pero ofrece una visión más amplia y menos radical al entender buena parte de los intereses de ambos bandos. A todo esto, tengamos la actitud que tengamos, siempre nos quedará el desagradable sentimiento que nos produce la sangre y la desolación de todo conflicto. Tal vez, si cada bando tuviera la suficiente información sobre el sufrimiento del contrario se tendería menos al odio, pero seguramente peque de ingenuo, porque hay gente que ama la violencia y siempre encontrará excusas para ejercerla.
Resumiendo, la falta de tiempo y el no querer complicarnos la vida buscando todos los datos, nos dan las visiones parciales e interesadas que nos ofrecen muchos medios de hoy en día, y, por resultado, nos formamos opiniones erróneas la mayoría de las veces. Y eso es lo que ocurre en la sociedad de la información, donde cada vez se opina más que se informa y las publicaciones, creíbles o no, luchan por una audiencia y defienden unos intereses. Por tanto, un periodismo de calidad es siempre necesario, pero ahora más ante la avalancha de basura que nos ofrecen.
He leído en El País una entrevista Harold Evans Ex director de ‘The Sunday Times’ y de ‘The Times’. Habla sobre asuntos relacionados de los que hablo en este artículo. Podéis leerla en http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Hacer/periodicos/sera/producir/judias/lata/elpepusoc/20090125elpdmgrep_5/Tes