Arrugas, de Paco Roca – el cómic también es para adultos.
Sobre todas las cosas hay algún que otro prejuicio y algunos estereotipos que se cumplen en unos, pero que manchan también a los que no los tienen. Los que salpican a los lectores de cómic se resumen en que o bien son niños, o personas con complejo de Peter Pan o, seguramente, frikis. Además, se valora poco al medio en sí como forma de arte. Pero habría que aclarar que una película por ser cine no tiene por qué ser necesariamente mejor que un cómic. Todas las semanas se estrenan unos bodrios impresionantes y eso no resta calidad al buen cine. Sin embargo, esa separación entre lo ridículo y la obra de arte no llega a reflejarse en el cómic a nivel general, o sea, para conocimiento de la mayor parte de la sociedad. Los desconocedores del medio – es decir, casi todo el mundo – dan por hecho que son obras para niños o frikis. Y ahí acaba la cosa. Pero no. Aun siendo un medio especialmente castigado, incluso por los mismos editores, de vez en cuando surge alguna obra que debería ser reconocida y conocida en la cultura en general. Es el caso que hoy nos ocupa.
Porque Arrugas, de Paco Roca, es una obra que a base de pequeños detalles, reconocibles por todos, que te va conquistando página a página y sus personajes se te quedan tan dentro como los de las películas o novelas que nos hayan marcado. No obstante, se ha llevado varios de los premios más prestigiosos que se conceden para el medio a nivel nacional (Premio Nacional del Cómic, mejor guión y mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona en el 2007 y otros). Y no hay ni superhéroes, ni sexo, ni marginados, ni es un cómic underground. Es una obra para todos los públicos, pero que entenderán mejor los jóvenes y los adultos, porque trata de una enfermedad como el alzheimer y sobre la vida de unos ancianos en un geriátrico. El dibujo es sencillo, heredero de la línea clara – como los de Tintín -, pero que expresa sabiamente los sentimientos de sus personajes y el guión nos narra el día a día y el desgaste progresivo de un anciano – y también el de los otros – con tal delicadeza que suaviza lo dramático con pequeñas notas de humor, pero sin perder ni un ápice de la gravedad del alzheimer, de la soledad de unos ancianos y de sus recuerdos de una vida mejor que la que tienen ahora. Hay que leerlo para comprender lo que digo.
Arrugas es un cómic que nos recuerda que el noveno arte es Arte, que me ha traido a la memoria otras obras como Maus, de Art Spiegelman – que ganó un Pulitzer con dicho cómic -, Persépolis, de Marjane Satrapi, La ascensión del gran mal, de David B., o a un narrador español, yo creo que excepcional pero poco conocido, llamado Sergio Córdoba.
En definitiva, en el cómic hay obras maestras, más allá del manga y del cómic de superhéroes, que deben ser conocidas por el gran público. Arrugas, de Paco Roca, es una de ellas.