Arrugas, de Paco Roca – el cómic también es para adultos.
Sobre todas las cosas hay algún que otro prejuicio y algunos estereotipos que se cumplen en unos, pero que manchan también a los que no los tienen. Los que salpican a los lectores de cómic se resumen en que o bien son niños, o personas con complejo de Peter Pan o, seguramente, frikis. Además, se valora poco al medio en sí como forma de arte. Pero habría que aclarar que una película por ser cine no tiene por qué ser necesariamente mejor que un cómic. Todas las semanas se estrenan unos bodrios impresionantes y eso no resta calidad al buen cine. Sin embargo, esa separación entre lo ridículo y la obra de arte no llega a reflejarse en el cómic a nivel general, o sea, para conocimiento de la mayor parte de la sociedad. Los desconocedores del medio – es decir, casi todo el mundo – dan por hecho que son obras para niños o frikis. Y ahí acaba la cosa. Pero no. Aun siendo un medio especialmente castigado, incluso por los mismos editores, de vez en cuando surge alguna obra que debería ser reconocida y conocida en la cultura en general. Es el caso que hoy nos ocupa. Leer más…